viernes, junio 17, 2005

Nadar y guardar la ropa

"Y Verano e Invierno y Verano y Verano
Y de nuevo Invierno"

Charles Bukowski


No me gustan los deportes de riesgo,
salvo llamar a tu timbre de madrugada
o que me inflijas besos a toca teja.
El verano es tan largo que se pliega sobre sí mismo,
los muchachos de la limpieza se dan un garbeo
y alargan la hora del bocadillo en el bar de Pepe.
Todo funciona, sabes, todo tiene un orden
y los niños charlan sobre lo engañosos que son tres meses,
parece mucho, pero en seguida es septiembre
y los días se hacen más cortos
y mamá deja de gritar por el balcón,
cuando la cena a base de salchichas está lista.
Yo me muevo para encontrar el lado fresco de la almohada
derecha, izquierda, derecha izquierda…
y pienso que a lo mejor no vuelvo a verte
quizá no sea tan malo, verdad, peor sería quedarme ciego,
o que murieran las ballenas cautivas,
o que nunca me hubieran prestado aquel libro de Buk,
o que no me despertara esta noche, plegarias mías mediante.
Todo es tan armónico ahora y las dietas y gimnasios
del invierno se notan mucho, se reparten piropos y sonrisas,
nadie podría ser un asesino en verano, todo es tan feliz
hace tanto calor, hace tanto calor…
pero no te creas, porque las noches son más frescas.
Menos mal que me cuidé de guarda los marca páginas
porque a pesar de todo yo sabía que después, al cruzar la esquina,
viviría para siempre en esta gélida noche de verano.

Última noche

1

Ahora que
vuelve a sonar el despertador a su hora
ahora que
ya no estás haciendo ruido en la cocina
ahora que
morir o vivir es una cuestión de grado
ahora que
vivo de recuerdos
ahora que
he descubierto el horror tras rascar la superficie
ahora que
si llueve es porque me lo cuentan,
espero no te incomode el impulso del
electrocardiograma.
Mis mejores deseos.

2

las razones son simples,
solo tratas de que no te coma la sombra o el silencio
y sobrevivir a las juntas de la cama;
después de apearte, convertirte en cazador
me estoy quitando, te lo juro.

3

no me convertí en secano
de un día para otro,
allí nieva en el zapping
la mayoría del tiempo
y soñábamos con líos de faldas
éramos unos críos, ya ves,
no me da vergüenza volver
y ver mi espada de madera,
los sueños oxidados
y la piscina al otro lado,
después del prado ancho.

4

Haré una excepción contigo
y te dejaré visitarme,
verás, como de las sobras
y me cuesta mucho conciliar el sueño.
Tengo, soy un desastre
nadie me llama por ni nombre,
ni yo mismo.

viernes, junio 03, 2005

Tu desnudez

1
No sé si es el tiempo que nos ha separado
o la transfiguración por tanto repetirte en mi cabeza.
Estás preciosa con tus lazos de sombra
y tu lluvia de cristales,
-sólo ella tiene las manos tan pequeñas-
El calor de tu cuerpo ha viajado por los inviernos
sin lastimarse, como yo imaginaba.
Levanto el brazo para cazar murciélagos
y llevarme así algo de comer a la boca;
tu prisión de lana huele muy bien,
pero mata de hambre.
Si me das un beso, prometo no tener pesadillas
y dejarte dos terceras partes de la cama:
palabra de honor.

2
Tu desnudez tan simple, tan inmutable…
Miro tus ojos, ejemplos de vida,
das un vistazo fulminante a mi habitación,
no te engañes, cabe todo en un hatillo.
Hacer el amor contigo es, dijiste,
yo soy un traficante de tristeza
perdido en un mundo de algodón, el tuyo.
Otra montaña de silencio a mi espalda,
otra marcha al retrete a vomitar mi alma,
-descubrí que la esquina que cree, era solo eso,
una creación, una más-
otra fuga a donde cubre el agua,
otra manera de entender mi perdición.
Tan simple, tan inmutable…

domingo, mayo 29, 2005

La canción del acantilado

1
Las mismas persianas
echan el telón de fuego a la noche,
siempre a en punto,
en el corazón de la Plaza.
Yo mareado por el frenesí
de las dos agujas
–tantas y tantas vueltas-
y tu vestida de otro modo,
con flores en el pelo.
Otra vez la chica
que se tatuaba la línea de los ojos
para las visitas clandestinas.
Hueles y sabes a aquellos besos
que nos recitó Janis.

2
Una pandilla de amigos suicidas
que se cuentan con los dedos de una mano,
lágrimas como para teñir de negro el océano.
Tres o cuatro recuerdos
para ponerle el seguro y esconderla en el altillo
junto a las galletas.
Pesadillas que hacen que dejes de creer
en los cuentos con final feliz.
La soledad de cuatro vidas
sin apenas haber empezado ésta.
Me va a suceder con esta bala
lo mismo que con las reprimendas de mi madre:
por un oído me va a entrar
y por el otro me va a salir.

jueves, mayo 19, 2005

Trampas

1
Ha habido mejores noches que ésta,
desde luego.
El sonido más sensual, el del Lambrusco
contra el cristal al llenar tu vaso de soledad.
Ni con la vista más afinada verías una estrella en el cielo,
alguien echó la capota y no se ve más que la luz artificial
de los microondas recalentando comida repugnante.
Lejos. Parece que la vida con mayúsculas está tan lejos que ni existe.
Estas canciones que suenan son himnos indiscutibles
-aunque solo sea para mí-
y les agradezco de corazón su compañía
Mi pequeño homenaje al genio de San Pedro,
como es de suponer, se hace en un acto íntimo,
aliñando todo con sangre de sabor amargo

2
Ella muestra su acento gallego,
solo cuando se enfada
sus besos –esto tardé en saberlo-
son ladrillos calientes
a los pies de la cama.
Ella pertenece al ecosistema de Madrid,
se funde con los gusanos de acero
y conoce el nombre de todas las paradas;
es una heroína de fondo amargo,
pero de las que regresan
al punto de partida.
Al otro lado de la línea telefónica
suena su voz susurrante –allí todos duermen-
y prometemos volver a compartirnos.

3
Esta noche combato con la negrura,
-excepcional velada-
soy un boxeador cobarde
que se zafa de los uppercuts
abrazando gravemente el saco de plumas.
Este estado carencial de vitamina F
-la de la felicidad-
despoja las últimas prendas de la locura;
así son las reglas del juego, ya sabes.
En mis sueños, si es que he soñado alguna vez
se habla en tu lengua materna.
Imagino lo que escribo acariciando
tus bordes y tus aristas color café
aunque solo tengas cosquillas si hay sorpresa.