sábado, octubre 01, 2005

Cicatrices

Después del ataúd
preveo que tendré que pasar
los rayos de luz por la batidora.
Alrededor de la furgoneta, la mañana
mantiene a ralla la distancia
insalvable entre el cielo y los campos quemados
por el agua de los aspersores.
A veces hay pinos como llamaradas verdes
salvajes y ásperos
llamaradas verdes que se estremecen
con el frío del primer llanto de Otoño.
Este frío no entiende de amigos
ni de recuerdos
sacude las mantas de bebé en los tendederos
le doy pan duro a un pastor alemán
que tirita de frío y me lo agradece
haciéndolo crujir en sus fauces de perro solitario.
Te vas acostumbrando al silencio
y le haces sutiles cambios románticos
a lo que llamas tesoros de mi memoria
historias fantásticas, sueños en un saco
con demasiados agujeros, ese hatillo
que se ve desbordado por tu tesoro y por tus
sueños lejanos, acristalados, quebrados por este frío
este frío
esta mañana
que es todo lo que tienes.

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